14 julio 2009

16-A


Camino distraído por la angosta vereda mientras la calle se ofrece desierta y en agradable silencio. Una hilera de grandes y añosos árboles se sitúa a cada lado de la calle plasmando un hermoso cuadro en movimiento, sus hojas se agitan ante la invisible mano de una brisa tibia que delicadamente se deja sentir en mi pecho, aquel toque furtivo me hace olvidar por un momento la molestia de no dar con la dirección que llevo anotada en este papelito amarillo, apenas un nombre y un solitario numero; 16-A.

Nadie alrededor, parece que este pequeño espacio en medio del gris de la urbe se oculta y se ofrece como un oasís sereno al caminante extasiado por los colores de un viejo sol que débilmente juguetea dibujando mi sombra en el empedrado que poco a poco se va volviendo familiar.

Tras las rejas oxidadas de la casa de la esquina un quiltro me ladra enfurecido, se alza en defensa de un terreno abandonado, lo observo y me compadezco del pobre bicho, sus ojos encierran una tristeza que no admite indiferencia. Lo observo y mientras me ladra las imágenes lentamente me invaden. La casa yace sin vidrios ni puertas y sus muros están llenos de crípticos rayados, tengo la repulsiva sensación de estar ante un muerto al que se le han arrancado los ojos, la boca y los recuerdos, un lugar que no recuerda que ayer fue hogar. Casi puedo ver a los niños de ese ayer jugando en el amplio patio colgados del manzano, igual a como hacíamos de vez en cuando con mi hermana Adriana soñando que éramos exploradores rumbo a la cumbre del Aconcagua, puedo ver a la familia tras la puerta en un apretado y emotivo abrazo de año nuevo, la mesa generosa de la navidad en la que me probé mis primeros patines, por un instante vuelven a brillar los ojos de mi vieja, sus ojos llenos de asombro (y un poco de enfado también) cuando nos vio aparecer en la puerta con un cachorro juguetón en los brazos, apenas un quiltro, un perrillo marrón y pequeño que saltaba y hacía cabriolas cada vez que nos veía volver del colegio, un perro fiel como el que ahora me ladra tras las rejas.

Camino sin prisa disfrutando de la tibieza de la tarde, descubriendo nuevos colores en muros viejos, cruzando la calle hasta la pequeña plazoleta que me ofrece un descanso y agradezco la gracia sentándome bajo un aromo que se mece oloroso, mientras le doy otra mirada a mi papelito amarillento.

¡Esta perdido! Amigo ?...interrumpe un viejo que aparece a apenas unos pasos a mi derecha, -mi sobresalto es evidente al creerme solo-, su voz es fuerte y su rostro milenario, parece un árbol más de aquella plaza. Me acerco y sin hablarle extiendo el papelito amarillo y lo enfrento a sus ojos gastados, se queda perdido unos segundos y luego levanta su frente con los ojos cerrados hurgando en la memoria, revolviendo sus recuerdos. Satisfecho el esfuerzo exclamó ¡ahaaaa!... siiiiiiiiii, tiene que seguir por esa calle una media cuadra allí justo en la esquina ¿ve?, donde esta el perrito que ladra ¿ve?

En el Taxi de regreso al hotel las lágrimas se me escaparon despacio mientras la corredora de propiedades me comunicaba alegremente por teléfono los pormenores de la venta de aquella vieja casona en ruinas.

03 julio 2009

Último Trago










La música comienza. Abre con un suave golpear de baquetas, cuerdas de guitarra me regalan solitarias notas que se esparcen en el aire vibrando hasta mis oídos, haciendo que levante la mirada en busca del origen de ese canto que se oculta entre el humo de cigarrillo que reina en el bar como la niebla en el puerto.

Varado en mi isla de caoba circular cuento diez colillas aplastadas en un disco de cristal cincelado en miles de ángulos delicados que funcionan como prismas ante los débiles rayos que se atreven a llegar desde el escenario como espectros de neón. Las verdes botellas de cerveza me miran tristes desde una esquina preguntándose por que me bebí su alma y las condene al basurero.

En el escenario se despliega movimiento. A las cuerdas se incorporan las teclas de un piano sostenido en las manchas de alcohol de incontables copas trasnochadas de antiguos bohemios. Un alo de luz parte en dos el velo negro de las tablas en donde surge la voz que se oculta bajo la figura de una mujer que acaricia una guitarra y me canta casi al oído. Observo las mesas aledañas, una mujer de negros labios y de erótica mirada acaricia en el cuello y besa los labios de un hombre de ojos tristes.

Enciendo un cigarrillo y apuro otra copa. La fuerza del bajo hace eco en mi garganta y la nostálgica voz que entona desamor y soledad llena mis oídos. Vuelvo a observar los negros labios que ya no besan y en sus manos un cigarro se consume y se transforma en una hilera de cenizas suspendidas que acusan la falta absoluta de movimiento. El humo asciende raudo, formando curiosas figuras que aleja de su rostro con un suave y certero soplido, el pelo revuelto y brillante se derrama por su cuello, entonces me observa de reojo entre uno de los mechones que cubren parcialmente su rostro, sonríe divertida al descubrir que me turba el echo de que me haya atrapado contemplándole ahora que se ha quedado a solas. Desvió la mirada y simulo observar mi vaso y aunque yace vacío lo llevo a mis labios tratando de parecer natural, buscando un último sorbo antes de partir.

El murmullo de las voces ocultas por la música se levantan del letargo tras un largo aplauso con el que despiden a la chica de la nostalgia que huye tras bambalinas, transformando el escenario en un campo desierto

El humo del cigarro invade mis ojos arrancando sendas lagrimas que huyen por las mejillas, tras estas vienen otras que nacen desde el pecho y atraviesan la garganta, nuevamente llevó el vaso a mis labios olvidando su vacío, tu mano fría detiene el inútil trayecto, de algún modo ya estas frente a mí, ni siquiera he advertido tus pasos. Sostienes mi mano y lentamente mientras me miras a los ojos sin decir nada viertes en mi vaso una generosa porción de tu veneno.

29 junio 2009

Cuídate de mí






Cuídate de mi, que tras de ti vengo lleno de colores, de nuevos mundos, de miles de besos, de sutiles temblores.


Cuídate de mi, que tras de ti vengo a llevarme tus fantasías y derribar tus pudores
Cuídate de mi, que tras de ti aboliré todos tus sueños y no será sobre tu piel mas que mi reflejo


Cuídate de mi, que tras de ti borrare una a una cada huella de toda caricia que prendiera ayer en tu cuerpo el deseo


Cuídate de mi, que tras de ti ya no importaran mas bocas que la mía en cada uno de tus besos.


Cuídate de mi, que tras de ti la cadencia de todos tus gemidos serán la gotas de sudor que corren por mi espalda.


Cuídate de mi, que tras de ti ya no importaran los recuerdos, ni los días, ni las noches, ni siquiera el dormir en otros brazos que no sean los míos.


Cuídate de mi, que tras de ti he venido a levantarte e inundarte de sudores, dibujando tus temblores bajo la punta de mis dedos.


Cuídate de mí.

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23 junio 2009

Arena









Quisiera tumbarme sobre la arena y marchitarme con el sol. Olvidar al mundo y a las bocas feroces que devoran vestidos infantiles.

Olvidarme de las manos teñidas de vida que mana de la hoja hundida en el pecho del otro, olvidarme de las risas inocentes de los niños con hambre, del silencio peregrino de los olvidados, de los que ven pasar la vida frente a su puerta sin comprender su castigo.

Olvidarme de la indiferencia que acepta horrores en lo cotidiano y de un par de pecados de los que debo arrepentirme.
Quisiera tumbarme sobre la arena contando nubes gorditas que me recuerden a botero, hundirme despacito entre minúsculas rocas amarillas, ser quien recoja la huella descalza de los juegos infantiles, del paseo en romance bajo los bronces de media tarde. Quisiera que las olas me besen y me vista la espuma, que un cangrejo me haga su morada y en la noche de un solitario punto en el calendario las tortugas me vuelvan el abrigo de su casta

Quisiera derramarme en millares de pequeños puntos pétreos, sentir el llanto tibio del amor adolescente y la caricia de los dedos dibujando corazones bajo un coro de gaviotas.

Que los labios de la mar me sumerjan bajo su manto y que las corrientes me arrastren hasta los pies de alfonsina para que me cante sus caracolas y su soledad.

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18 junio 2009

A mi lejana y oscura Obsesión




Dedicado a la chica de Corazón oscuro (Aquella que vive en los otros días)




No hay prosa suficiente que un beso te arranque de frente, ni caricia certera que provoque en oscuro pecho algún latir

Mas intento a cada instante perpetrar el delito de quererte a fuerza de dulces desatinos

A solo un par de lunas tus ojos parecen mirarme desgraciadamente fraternos, punzantemente amistosos, mientras busco en el recuerdo fresco de aquella tarde-noche cautivarme otra vez con tu delicado perfil

Detalles pequeños y salvos, casi imperceptibles para el ojo novato, sin embargo en mi retina yacen cautivas cada una de tus líneas, pues más que solo mirarte te veo, y te siento en cada uno de mis sueños mancebos

Y así sin más, a mansalva la pena me muerde cuando te marchas envuelta en la noche, en la oscura nube en que te ocultas llena de miedo, como si mi querer te doliera, como si mis manos pudieran vencerte y rasgar el velo cada vez mas suave en el que se ha convertido tu indiferencia

Como espantar el desvelo que tu mano provoca, como evitar estrecharte en medio de aquel aroma que enciende la sangre y es hoguera en mi torrente cada tarde, cada noche, cada instante robado a cotidianas soledades, cada vez que te observo en silencio sin decirte lo que aquí te digo, cada vez que tus brazos se hacen noche y tu sonrisa a ratos la ilumina.

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